Archive for Cuentos de Alejandro Jodorowsky

Los Tejados Están Blancos, ¿Cuándo Dejarán De Estarlo?

Durante un paseo por un paisaje nevado el discípulo pregunta al maestro: “Maestro, los tejados están blancos, ¿cuándo dejarán de estarlo?” El maestro tarda en contestar. Se concentra y al fin le dice con voz áspera: “¡Cuando los tejados están blancos, están blancos; cuando no están blancos, no están blancos!”

Una historia zen, que Alejandro Jodorowsky repite con frecuencia. La explica en el siguiente comentario que podemos leer en la sabiduría de los cuentos:

“Lo importante es aceptarse uno mismo. Si mi condición presente me produce malestar es señal de que la rechazo. Entonces, más o menos conscientemente, trato de ser distinto del que soy, en definitiva, no soy yo. Si, por el contrario, acepto plenamente mi estado de este momento, estoy en paz. No me lamento por creer que debería ser más santo, más bello, más puro de lo que soy aquí y ahora. Cuando soy blanco, soy blanco, cuando soy oscuro, soy oscuro, y punto. Ello no impide que trabaje en mí, que trate de ser un instrumento mejor; esta aceptación de uno mismo no limita las aspiraciones, sino que las sustenta. Porque sólo puedo avanzar a partir lo que soy realmente”.

Anuncios

Comments (1) »

El agua de Ganges

-Maestro – dijo un discípulo-, enseñas que Dios está en el interior de cada uno de nosotros, pero ¿cómo puede la divinidad, tan vasta como es, caber dentro de nosotros?

-Ve hasta Ganges y tráeme un litro de agua- le respondió el maestro al discípulo.

Cuando éste hubo traído el agua, el maestro quedó asombrado:

-¡Pero si ésta no es el agua de Ganges!…

-¡Por supuesto que sí, la he sacado yo mismo del río!-exclamó el discípulo.

-¿Pero donde están las tortugas, los peces, las gentes que en él se bañan, las embarcaciones, los cadáveres que arrastra y los monjes que hacen sus abluciones en él? Yo no veo nada de todo esto en ella. ¡No puede tratarse del agua en cuestión! ¡Corre a arrojarla al Ganges!

Cuando el discípulo regresó, el maestro le dijo:

-Ahora tu litro de agua, mezclado con el agua del río contiene tortugas, peces y todo cuanto le faltaba antes. Ésa sí que es el agua del Ganges.

Comentario de Alejandro Jodorowsky:

Somos ricos, infinitamente ricos, pero, a un determinado nivel de conciencia, no vemos más allá del litro de agua y no la inmensidad del río. Cuando estamos vinculados a la inmensidad, somos ricos de todo aquello que contiene.

Vinculado al mundo, avanzo con él. Tengo fuerza. Lo poseo todo. Separado del mundo, nada tengo.

Comments (3) »

Todo es para bien

En un pueblo se mueren todas las gallinas y preguntan al sabio los motivos. Él les responde que todo es para bien. Poco después los perros quedaron paralizados y el sabio volvió a contestar que todo era para bien. A continuación los fuegos se apagaron, el volvió a repetir que era para bien.

Llegaron más tarde unos ladrones muy peligrosos que no tenían escrúpulos en matar. El cabecilla se detuvo y observó que las gallinas estaban muertas, los perros paralizados y no había humo en las chimeneas. Se preguntó ¿Qué sitio es este? Y siguieron su camino sin entrar en ese pueblo.

Todos se salvaron de ser masacrados.

Comments (4) »

La cucharita de porcelana

En un lugar en oriente, había una montaña muy alta y con su sombra tapaba la aldea. Y por ello los niños crecían raquíticos. Y una vez un viejo, el más viejo de todos, se va con una de esas cucharitas chinas de porcelana y sale de la aldea.

Y le dicen los otros:

-Adonde vas viejito.

-Voy a la montaña.

-Y a que vas.

-Voy a mover la montaña.

-Y con que las vas a mover.

-Con esta cucharita.

-Jajaja, Nunca podrás.

-Si, nunca podré, pero alguien tiene que comenzar a hacerlo.

Es frecuente escuchar este cuento a Alejandro Jodorowsky en sus talleres y conferencias. Con él quiere decirnos que si no podemos cambiar el mundo, sí podemos empezar a cambiarlo. Incluso, aplicado a una cuestión más individual, este cuento posee una enseñanza útil: si no puedo salir de este problema, sí puedo empezar a solucionarlo. Como dice el proverbio: “Para caminar un kilómetro, primero hay que dar un paso”.

Comments (2) »

Un huevo problemático

Mientras Mulla Nasrudin está paseando con su hijo, ven un huevo en el suelo. El niño le pregunta:
-Papá, ¿cómo entran los pájaros en el huevo? Mulla, sofocado, responde:
-¡Yo que me he estado preguntando toda mi vida cómo salían los pájaros del huevo, vienes tú ahora y me planteas un problema más!

En general uno se pregunta: “¿Cómo voy a salir de mis problemas, de mis limitaciones, de mis angustias?” Tal vez la solución consista en preguntarse cómo se ha entrado en ellos.
El maestro dice: “¡Dime de dónde vienes y te diré adónde vas!”.

Análisis que hace Alejandro Jodorowsky del cuento:
¿Cómo me he metido en este problema para poder salir de él?
Un maestro dice a sus discípulos: «¡Imaginad que estáis encerrados en un bloque de piedra de seis toneladas! ¿Cómo haríais para salir de él?».
Muchos alumnos encuentran soluciones increíbles como, por ejemplo, perforándolo, dinamitándolo, proyectándose en un viaje astral hacia el exterior, etcétera. Un «idiota» responde: «Así», y da un paso hacia adelante como para simular que en el fondo el bloque no existe.
El bloque de piedra es mental, inventado. Para salir de un bloque inventado, se da un paso hacia adelante. La angustia y los fantasmas que llevas contigo no son reales. Son ilusiones. Cuando se alcanza la paz del «idiota», no puede haber ya bloque.
La paz del «idiota sagrado» es la paz del Loco del Tarot de Marsella. Éste lleva toda su riqueza en su hatillo. Es esencialmente rico y siempre está acompañado. Puede verse asimismo a este mismo personaje completamente pobre y siempre mordido por su perro. ¡A elección!
O avanzará, o dará vueltas alrededor de su báculo. ¿Quieres dar vueltas alrededor del báculo, ser mordido en las nalgas y llevar cosas espantosas en tu alforja, o bien quieres ser rico de lo esencial, estar siempre acompañado y avanzar, cambiar, arder con el presente sin apegarte a nada?

Comments (5) »

El clavo de Mulla

 

Mulla Nasrudin, tras haber sufrido los reveses de la fortuna, se ve con la obligación de vender la casa que heredará de su padre. Aprovechándose de la situación, un hombre sin escrúpulos le propone un precio irrisorio. Nasrudin se da perfecta cuenta de que se las tiene que ver con un ladrón, pero acepta poniendo una pequeña condición:

¿Cuál?

¡Como puede usted ver , en esta pared hay un clavo!… Este clavo fue de mi padre quien lo puso y es el único recuerdo que me queda de él. Le vendo esta casa, pero deseo seguir siendo propietario del clavo. ¡Si está conforme con esta condición, acepto su oferta!… ¡Tendré evidentemente, derecho a colgar de él todo lo que me plazca!

El comprador se tranquiliza pensando que un clavo en una casa no es gran cosa. Le pregunta a Mulla:

¿Vendrá usted a menudo?

No, no, a menudo no…

No viendo ningún problema el comprador aceptó la cláusula, firman el contrato de venta ante notario en el que se específica que Nasrudin es el propietario del clavo y que puede hacer lo quiera con él. El nuevo propietario toma posesión del lugar y se instala en él con toda su familia hasta que un buen día se presentó Nasrudin.

¿Puedo ver mi clavo?

¡Por supuesto! ¡Pase! – responde cordialmente el propietario.

Mulla entra y se recoge profundamente delante del clavo y luego vuelve a irse.

Algunos días más tardes, regresa con un pequeño cuadro en el que hay la foto de su padre.

¿Puedo ver mi clavo?

El propietario le deja entrar y Nasrudin cuelga el cuadro (cláusula obliga)

La vez siguiente, llega con un manto y una túnica.

Estas son ropas que pertenecieron a mi padre. ¡Quisiera colgarlas en mi clavo! – Le dice al propietario ligeramente irritado.

Pero, un buen día, Mulla se presenta antela puerta arrastrando detrás de sí el cadáver de una vaca. El comprador, estupefacto, le pregunta:

Pero ¿qué viene hacer aquí con ese cadáver?

¡Está claro, vengo a colgarlo en mi clavo!…

Cosa que hace al instante, sordo a las súplicas del comprador estupefacto. La policía, llamada al lugar del litigio, le da la razón a Nasrudin a la vista del contrato. El cadáver empieza a pudrirse para gran desesperación del imponente propietario. Al cabo de un cierto tiempo, Nasrudin vuelve con otro cadáver que cuelga del mismo clavo. La pestilencia es tal que el propietario se ve obligado a huir del lugar. Y así fue como Nasrudin recuperó su casa.

 

Extracto del comentario que de este cuento hace Alejandro Jodorowsky en su libro “La sabiduría de los cuentos”:

La más pequeña concesión es un clavo en la propia casa. Es en esto en lo que el intelecto puede ayudarnos. Su papel no es otro que el de velar con atención constante para que nadie venga a nuestro universo a poner clavos que no nos corresponden.

Cada experiencia, cada cosa que aceptamos y que no nos corresponde equivale a dejar entrar el cadáver de la vaca en nuestra propia casa.

Comments (5) »

La bolita


Por exigencias del protocolo, un rey que tiranizaba sin piedad al pueblo, tenía que salir de su fortaleza en una carroza de oro, recorrer la Avenida Central hasta el parque en donde lo esperaba su ejército, y rendir honores a la bandera.

Tanto era el descontento que su régimen rapaz había sembrado, que el tirano temía por su vida. Sus secuaces tomaron todas las precauciones imaginables: el mandatario fue cubierto con una malla de acero; la carroza, rodeada por lanceros montados a caballo; el camino, bordeado por espadachines para impedir que el pueblo se acercara al carruaje dorado. En los techos y ventanas se distribuyeron miles de arqueros prestos a lanzar sus flechas al menor gesto sospechoso. Cerraron las vías de acceso y sólo dejaron entrar ciudadanos que habían sido celosamente registrados. Para rematar estas cautelas, colocaron escudos en la carroza y un techo de acero… ¡Comenzó el desfile!

La multitud, aterrada, no osaba mover un dedo. Un anciano que estornudó fue atravesado por cien flechas… El hijo de un guardián, sentado junto a su padre, jugaba a las canicas mientras éste vigilaba a los espectadores. El niño, al ver ese imponente y amenazador carruaje, se asustó tanto que dejó caer una de sus bolitas. Ésta rodó por entre los cascos de los caballos y fue a dar justo debajo de una rueda que, al pasar sobre ella, rebotó y salió de su eje provocando que el carro se volcara y que el tirano pereciera aplastado bajo el peso de sus blindajes

Comments (2) »